Causas del efecto invernadero y cómo podemos evitarlo

La quema de combustibles fósiles es la principal causa del efecto invernadero y, como tal, la primera acción a evitar para frenar el cambio climático

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Conceptos como efecto invernadero, cambio climático, emisiones de dióxido de carbono (CO2) y un largo etcétera de términos relacionados con el calentamiento planetario son ya omnipresentes en nuestro día a día. Abundan también las informaciones sobre los riesgos que este cambio en el clima entraña para la salud pública y la economía mundial, especialmente para los países más pobres. Y qué decir del alud de anuncios de proyectos e iniciativas que tratan de combatir el calentamiento global (¡otro concepto más!).

Toda esta marabunta de información puede llegar a confundir. ¿De qué estamos hablando exactamente? Y más importante aún: ¿cuáles son las causas del efecto invernadero y cómo podemos evitarlas?

Las expresiones cambio climático (también llamada crisis o emergencia climática) y calentamiento global o planetario vienen a decir lo mismo. Hacen referencia a un cambio en el clima. Este cambio se caracteriza, sobre todo, por un aumento de la temperatura media, pero también por fenómenos meteorológicos extremos, como lluvias torrenciales, heladas en plena primavera, largos periodos de sequía, olas de calor más frecuentes… 

Como consecuencia: aumenta el nivel del mar, se deshace el hielo marino, se alteran y dañan los ecosistemas naturales, hay más incendios forestales... Todo ello provoca que la Tierra sea un planeta menos habitable y menos saludable.

La actual temperatura media global es ya 1,1℃ superior a la época preindustrial (léase antes de que se empezara a quemar carbón para uso industrial). Pero lo más alarmante son las previsiones a largo plazo, puesto que para la atmósfera, las acciones de hoy tienen consecuencias durante más de cien años. Si las cosas permanecen tal y como están, se espera un aumento de temperaturas de entre 3,4℃ y 3,9℃ para finales de este siglo.

Mantener el aumento de la temperatura por debajo de 2℃

El Acuerdo de París, firmado en 2015 por la mayor parte de países del mundo, establece la implementación de medidas para frenar el aumento de la temperatura a menos de 2℃. Sin embargo, los científicos ya han advertido que con los actuales compromisos no se podrá cumplir dicha meta y piden la implantación de medidas contundentes y de forma urgente. 

¿Por qué por debajo de los 2℃? En su informe El calentamiento de 1,5℃, el IPCC advierte de la necesidad de frenar el aumento de temperaturas a 1,5℃, temperatura a partir de la cual los impactos futuros previstos pueden ser “duraderos e irreversibles”. El IPCC es el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, una entidad científica creada en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

En sus millones de años de vida, no es la primera vez que la Tierra sufre un cambio en su clima, pero sí es la primera vez que este cambio no es de origen natural. El actual cambio en el clima es provocado por la acción humana. En concreto, por la quema de combustibles fósiles, como apuntábamos antes.

La causa: la quema de combustibles fósiles

Al quemar combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) se emite a la atmósfera dióxido de carbono (CO2) y otros gases como el metano. Estos gases se concentran en la atmósfera e impiden que el calor producido por los rayos del sol pueda salir, causando lo que se conoce como efecto invernadero. Este efecto es el mismo que utilizan los invernaderos para retener el calor y producir verduras cuando llega el invierno. Y los efectos son duraderos: se sabe que una vez emitido, el CO2 permanece más de cien años en la atmósfera.

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El carbón es el combustible fósil que más contribuye al cambio climático

La concentración media mundial de CO2, que es considerado el principal gas causante del cambio climático, alcanzó en 2018 un récord de 407,8 partes de millón, mientras que durante miles de años estos niveles habían permanecido estables, en unas 272 partes de millón. La última vez que la atmósfera concentró una cantidad de CO2 comparable a la actual fue hace entre tres y cinco millones de años, y el resultado fue una temperatura entre 2℃ y 3℃ más alta.

Emitimos más CO2 que nunca, al mismo tiempo que descuidamos una importante fuente de captación de estas emisiones de carbono: el medio natural, ya sea en forma de vegetación, humedales o el suelo, puesto que las plantas absorben dióxido de carbono a través de la fotosíntesis.

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Infografía: causas del efecto invernadero y cómo podemos contribuir a mejorarlo 

Urge pasar a la acción

Cualquier senda para frenar el calentamiento de la Tierra pasa por reducir, drásticamente y de forma urgente, las emisiones de gases de efecto invernadero. Unas emisiones que son responsabilidad en un 77% del uso de energía, según cálculos de la Agencia Europea de Medio Ambiente. Estamos hablando, sobre todo, de energía para transporte (aéreo, marítimo y terrestre) y consumo industrial, residencial y terciario.

Buena parte de los esfuerzos se centran en abandonar los combustibles fósiles y apostar en su lugar por energías libres de emisiones de gases de efecto invernadero. Estas últimas son las que se conocen como energías renovables: solar, eólica, biomasa, geotermia e hidráulica, entre otras. También la nuclear es una fuente energética sin emisiones de gases de efecto invernadero, aunque no entra en la categoría de renovable.

El mantra es reducción del consumo, eficiencia energética y electrificación. La idea es que la mejor energía es siempre la que no se consume, de aquí la importancia de reducir el consumo y maximizar la eficiencia. Por otro lado, la electrificación permite utilizar energías renovables en actividades que hoy en día dependen de los combustibles fósiles. Es el caso, por ejemplo, del vehículo eléctrico o de la climatización.

Más allá de la transición hacia un modelo energético más limpio, también será necesario poner en marcha grandes planes que permitan absorber y neutralizar el CO2 ya emitido. Esto pasa por reforestar, cuidar los bosques, restaurar los suelos y avanzar en el desarrollo de tecnologías para la captura y almacenamiento de CO2 de la atmósfera. 

Frenar el cambio climático es responsabilidad de todos. Con nuestras acciones diarias también podemos contribuir a evitar que la temperatura siga aumentando. Utiliza el transporte público, compra productos de proximidad para evitar desplazamientos innecesarios, electrifica tus consumos energéticos y recuerda que la mejor energía es la que no se consume.

 

Lorena Farràs

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