El consumo irresponsable no da la felicidad

Las campañas publicitarias en motivo del Black Friday o la Navidad nos empujan a un consumo irresponsable de graves consecuencias para la salud del planeta, incluida la nuestra

consumo irresponsable
Índice
Leer más

Consumismo, sobreconsumo, capitalismo, consumo irresponsable, sociedad de consumo, compras compulsivas… Distintas palabras que hacen referencia a una misma problemática: el consumo de bienes que muchas veces no necesitamos y que, en la mayoría de las ocasiones no nos aportan una mayor felicidad, a diferencia de lo que rezan los anuncios publicitarios. Estos últimos son, en buena parte, los que nos empujan a caer en la tentación. En especial ante fechas tan marcadas para el consumismo como son el Black Friday o la Navidades. Lo que sí conseguimos es tensar aún más los límites planetarios, con graves consecuencias para la salud de la Tierra y, en consiguiente, también para la nuestra. La buena noticia es que sí es posible practicar un consumo responsable, siguiendo trucos básicos tales como darle una segunda a los objetos que ya tenemos.

No hace falta ir de compras a un centro comercial para ejercer un consumo irresponsable. Este se puede producir en acciones tan rutinarias como encender la luz o preparar la comida. Nuestra vida está llena de decisiones de consumo. La clave está en tomarlas siendo conscientes del impacto de estas decisiones. Es decir, al dejar una luz encendida a pesar de no estar utilizándola, debemos ser conscientes de que estamos consumiendo innecesariamente una energía cuya generación tiene unos costes para el planeta. Lo mismo sucede con la comida: cada alimento requiere la suma de muchos esfuerzos e insumos para ser producido, por lo que es todo un desperdicio que acabe en el cubo de la basura.

Además, como apuntábamos, se ha demostrado que consumir más no nos hace más felices. En su iniciativa de concienciación ciudadana ¿Consumimos felicidad?, Ecologistas en Acción señala que “hay cierto consenso en que la felicidad depende de la satisfacción de unas necesidades humanas finitas y generalizables”. Estas necesidades son, según el economista chileno Manfred Max-Neef: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, identidad, conocimiento y libertad. Dado que la mayor parte de esas necesidades no son materiales, Ecologistas en Acción llega a la conclusión de que “el nivel de riqueza sólo influye en la felicidad personal hasta que alcanzamos cierto nivel, a partir de ahí la felicidad no solo no aumenta, sino que puede reducirse”. Es la misma conclusión a la que llegó el economista Richard Easterling en el que se conoce como la paradoja de Easterlin, un postulado económico que afirma que incrementos importantes de renta no van acompañados de aumentos en los niveles declarados de felicidad.

Consecuencias del consumo irresponsable

consumo irresponsable

El consumismo está al final de la cadena de muchos de los problemas ambientales que sufre el planeta Tierra: la sobrepesca, la deforestación, el cambio climático, islas de plástico, pérdida de biodiversidad… “Simplemente no es posible soportar este nivel de producción, consumo y su contaminación asociada porque vivimos en un planeta con recursos finitos”, sostiene la entidad ecologista Greenpeace. Es un problema que ha ido en aumento en los últimos años: hoy en día se extraen y emplean alrededor de un 50% más de recursos naturales que hace 30 años. Al ritmo actual, el ser humano necesitará tres planetas para abastecerse, sobre todo porque se prevé un crecimiento demográfico para el año 2050 que nos situará en 9.600 millones de personas.

¿Qué podemos hacer para que nuestro consumo más más responsable?

“Plásticos, consumo de alimentos, la ropa que vestimos, el uso de la tecnología o la forma en la que nos desplazamos. Todas son piezas que suman a un consumismo que está degradando el medio natural”, advierte Greenpeace. Por ello, la ONG urge a cambiar nuestros patrones de consumo para revertir hábitos inadecuados y poco sostenibles. ¿Cómo?:

  • Menos ropa y más duradera. Con ello no sólo ahorraremos dinero, también agua y materias primas, evitaremos que los químicos y los pesticidas dañen los ríos, el suelo y la vida silvestre y estaremos recortando el uso de combustibles fósiles, así como la carga de la industria textil en el planeta. Si se estropea, remiéndala o dale otro uso. Puedes optar también por alquilar, comprar o vender de segunda mano o intercambiar. A la hora de comprar, prioriza las prendas de producción local y sostenible, por su menor impacto ambiental.

  • Come menos carne, por el bien de tu salud y la del planeta. La ganadería industrial está detrás de la destrucción de hábitats como la Amazonia. Puestos a consumir, que sea carne de ganadería extensiva, ecológica y local. Lo mismo con la fruta y la verdura: mejor de temporada, de cultivo ecológico y de proximidad. Con el pescado lo ideal es apostar por un pescado sostenible, local y de temporada. Y cuidado con las etiquetas: deben ser claras y darnos toda la información necesaria sobre cómo han sido obtenidos los alimentos.

  • Apuesta por los dispositivos electrónicos duraderos y reparables. Aunque las empresas del sector no lo ponen fácil con la conocida como obsolescencia programa. No caigas en la tentación y aguanta con tu viejo móvil (o cualquier otro dispositivo) el mayor tiempo posible. Intenta reparar siempre que se pueda antes que comprar. Recuerda que hay un mercado de productos de segunda mano. Prioriza las marcas que son más respetuosas con el medio ambiente. Y, una vez finalizada la vida útil de estos artículos, recíclalos correctamente.

  • Di no al plástico. Este producto obtenido a partir del petróleo ha inundado nuestras vidas y no siempre es necesario. En la Unión Europea y en España casi el 40% de los plásticos que se producen son envases, en su mayoría de un solo uso: bolsas, botellas, envoltorios, vasos…, de los que solo se recicla un 30%. Utiliza bolsas de la compra de tela; olvídate de los vasos, platos y cubiertos de un solo uso; compra a granel siempre que sea posible; no bebas agua embotellada… Son muchas los hábitos de nuestro día a día que podemos cambiar para minimizar el uso de plástico.

  • Súbete al transporte sin malos humos y evita emisiones de gases de efecto invernadero, contaminación del aire, ruido o accidentes viales. Desplázate en transporte público si puedes o a pie o en bicicleta, ¡harás salud! De tener que usar un vehículo particular, mejor si es de bajas o cero emisiones. Comparte desplazamientos. Alquila en lugar de comprar. Evita desplazamientos innecesarios… ¡Tus pulmones te lo agradecerán!

Es cosa de todos tomar conciencia de las consecuencias que tiene el consumo irresponsable para nuestra salud y la del planeta. No caigas en la trampa de los anuncios de las grandes compañías. Recuerda que no serás más feliz por ello.

Ocultar