Contaminación del suelo: causas y consecuencias

Sólo en Europa se estima que hay unos 340.000 terrenos contaminados, la mayoría de los cuales aún no se han identificado, según la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA)

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Miguel Angel Muñecas Vidal, químico especialista en sostenibilidad y maldito que nos ha prestado sus superpoderes, define este tipo de polución como “la presencia de compuestos químicos en el suelo en concentraciones demasiado elevadas, muy por encima de las que deberían ocurrir de manera natural, con serio riesgo al medioambiente, a nuestra salud o al conjunto de los ecosistemas que de él dependen”. Los contaminantes más frecuentes son los aceites minerales y los metales pesados, según la EEA.

De la minería a las actividades industriales: por qué se produce la contaminación del suelo

La contaminación del suelo puede tener diversos orígenes. “Aunque puede producirse la acumulación de tóxicos de forma natural, en general se da por la intervención humana”, afirma a Manuel Pereira, biólogo consultor de medioambiente que nos ha prestado sus superpoderes.

En Europa, más de la mitad (53%) de las actividades que contaminan el suelo tienen que ver con la actividad industrial, comercial y de refino, según la Agencia Europea de Medio Ambiente.

Myriam Catalá Rodríguez, experta en biomedicina, salud ambiental y ecotoxicología y maldita que también nos ha prestado sus superpoderes, asegura que “la actividad que más estragos ha producido por el volumen y toxicidad de los contaminantes vertidos al suelo es la de origen industrial y minero”.

Entre las principales fuentes de contaminación del suelo, Muñecas menciona además las malas prácticas agrícolas, en especial, por el abuso de los pesticidas; un almacenamiento inadecuado de sustancias químicas peligrosas y basura nuclear; y una incorrecta gestión de los residuos sólidos urbanos y carencias del reciclaje. Casi una cuarta parte (24%) de la contaminación del suelo está relacionada con la gestión de residuos industriales y urbanos, según la EEA.

La contaminación por microplásticos y residuos eléctricos y electrónicos

También nos enfrentamos a corto plazo a nuevos retos, como la contaminación por microplásticos. Los plásticos rara vez se biodegradan. Normalmente se fragmentan en microplásticos y nanoplásticos a través de diferentes procesos, según una revisión publicada en Environmental Toxicology and Pharmacology

Una investigación publicada en Science of The Total Environment indica que la cantidad de plástico que llega a los suelos es entre 4 y 23 veces mayor que la que llega a los océanos.

“Los plásticos provienen de suelos agrícolas, actividades industriales, construcción, transporte y vertederos y, por una mala gestión, pasan a ríos, mares y océanos, extendiendo el problema a toda la cadena trófica”, afirma Muñecas.

Estos microplásticos, según subraya, afectan negativamente a los invertebrados, especialmente a lombrices y microartrópodos, y también a la actividad de las bacterias en el suelo.

Catalá asegura que otro tema de preocupación emergente es la contaminación del suelo por residuos eléctricos y electrónicos, ya que es uno de los componentes que más está creciendo entre la basura doméstica y urbana a nivel mundial.

Estos desechos “contienen materiales valiosos, como el oro y el cobre, pero pueden ser muy perjudiciales para la salud de las personas y para el medio ambiente si se reciclan de forma inadecuada”. En DKV 360  ya os hemos hablado de la importancia de reducir y reutilizar los residuos, además de reciclar, para disminuir el impacto ambiental de nuestro consumo.

La importancia de unos suelos sanos para garantizar la seguridad alimentaria

Las consecuencias de la contaminación del suelo son muy variadas, según Pereira: “Desde la pérdida de vida animal y vegetal a la pérdida de biodiversidad o la  transmisión de estos contaminantes a través de los cultivos o la fauna a la cadena alimentaria”.

Catalá divide los contaminantes en tres grupos: “Los microorganismos patógenos, las sustancias tóxicas que causan enfermedades o la muerte de los seres vivos en cantidades muy pequeñas y las que no son tóxicas pero alteran el medio de manera negativa para el ser humano de manera directa o indirecta”.

Tal y como indica la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), los suelos afectan a los alimentos que comemos, al agua que bebemos, al aire que respiramos, a nuestra salud y a la de todos los organismos del planeta.

Unos suelos sanos “son la clave para la seguridad alimentaria y para un futuro sostenible”. “Sin suelos sanos no podríamos producir nuestros alimentos. De hecho, se calcula que el 95% de nuestros alimentos se producen directa o indirectamente en los suelos”, afirman desde la FAO.

La contaminación del suelo puede causar enfermedades y una excesiva mortalidad en la población, según la FAO

Catalá explica que el suelo tiene un efecto considerable en la salud humana “tanto porque es una fuente importante de nutrientes y de medicamentos como porque en muchos lugares los contaminantes se encuentran en niveles tóxicos”.

Un artículo publicado en European Journal of Soil Science indica que los desequilibrios de nutrientes y la presencia de patógenos humanos en la comunidad biológica del suelo pueden causar efectos negativos en la salud.

Los contaminantes en el suelo, en las aguas subterráneas y en la cadena alimentaria pueden causar diversas enfermedades y una excesiva mortalidad en la población, según la FAO: “Desde efectos agudos a corto plazo —como intoxicaciones o diarrea—, hasta otros crónicos a largo plazo, como el cáncer”.

Los niños son especialmente susceptibles a la amplia gama de sustancias tóxicas que persisten en la capa superficial del suelo, según subraya Catalá y recoge un estudio publicado en Current Problems in Pediatric and Adolescent Health Care. Esto se debe “a su mayor exposición a través de las actividades de la boca, su superficie corporal expuesta, la probabilidad de respirar el aire más cercano al suelo y la inmadurez de su sistema inmunológico y de su metabolismo”.

 

“Menos bulos, más rigor científico” es un proyecto de DKV con contenido editorial de Maldita.es.

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